Prepotencia y abuso del poder secesionista en Cataluña

Sin ninguna duda no existe mayor problema u inconveniente para los que hemos padecido y vivido en Catalunya, o en sociedades o lugares mediatizados por el ideario “nacionalista “, a mi juicio esto es más grave que un simple problema político o de lucha por el poder, es como aquel famoso libro de Freud un malestar social y psicológico amén de un espíritu inquisitorial muy firme y acentuado.

Si bien esto puede tener raíces en una fuerte tradición Carlista, la dictadura Franquista o lo que se quiera aportar como prueba de este punto crítico de la historia de Catalunya y por ende del resto de las Españas, es evidente que los 40 años de “ingieneria social “ han aportado punto fundamental a este callejón sin salida que ha sido el “prucessisme “.

Pero el daño económico siendo grave no es mayor que el psicólogo tanto en los dos bloques, frustrados unos y ninguneados y dañados los otros, es evidente que la espita puede saltar en cualquier momento.

El nacionalismo es una ideología que es difícilmente no sólo no  compatible con el espíritu crítico o la creatividad, las sociedades que se cierran sobre sí mismas muestran síntomas evidentes de decadencia, muestran una dogmatizacion rigidez e incluso escaso sentido del humor, el nacionalismo por tanto coadyuga la creatividad y el sentido crítico e incluso hasta el sentido del humor, creando una terrible atonía social que agrava en sí el problema político.

Sirve por desgracia como en todos los aspectos de la vida, para que ese porcentaje de individuos perversos que en toda sociedad existen, puedan propalar y excrutar sus frustraciones odios a otros individuos con la “excusa “ de la lucha política, y lo más grave a mi juicio extenderlo y propalarlo a otros individuos en especial niños y jóvenes.

La certeza de lo volverán a hacer y que no habrá consecuencias con la “cohartada” de la represión estatal, como aquel crío malcriado que sabe que siempre se saldrá con la suya.

La degradación moral por unos disvalores contrarios a la mínima aplicación del mínimo decoro y sentido común, ya no sólo la meritocracia, el respeto al diferente o discrepante o la corrupción rampante tapada con la bandera, pero intenta meter con calzador o forzar la asunción de identidades junto con determinada ideología es no sólo incompatible con la democracia si no imposible.

Y como colofon el nacionalismo como valor darwiniano y la expresión más depredadora y miserable de una sociedad “liberal”, malmetiendo entre las clases populares entre diversos colectivos de las mismas, emigrantes VS nacionales, sectores profesionales, y sociales para repartirse las migajas de la oligarquía local.

Y como colofón y no menos grave la asunción de un movimiento de extrema derecha, como otros en Europa donde tras el Marketing ya ha descubierto, el resto de España y el mundo, lo que realmente es y a quien representan, no corren buenos tiempos para el sistema democrático en Catalunya.


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