En la Europa del siglo xxi se han superado las rémoras totalitarias, aunque se atisba en el horizonte, una que colea cada vez con más intensidad ; el nacionalismo.
Solapada primero por el conflicto Este – Oeste durante la guerra fría, y hoy por el conflicto Norte – Sur entre países desarrollados y su relación político- económica con los que no lo son, se le ha puesto menor atención a otro que quizás e incluso en el opulento primer mundo, pueda romper las costuras de derechos y valores, que dábamos por hecho en nuestras sociedades occidentales desde hace décadas.
No parece que tras dos guerras mundiales provocadas en gran medida por esta ideología decimononica, este sistema de ideas, surgido del romanticismo del siglo xix haya perdido ni su vigor ni su vigencia, a la vista de lo sucedido en Europa y en concreto en nuestro país, con planes de secesión como el «Ibarretxe» o el «pruces» en Cataluña.
La dificultad de entender y entenderse a los seguidores de dicha doctrina política, no es una simple discrepancia política, no es quien o que es el sujeto político que tiene que tomar la decisión de separarse o no, tampoco las interpretaciones históricas de los hechos pretéritos (siempre subjetivos), ni su viabilidad económica, simplemente se hablan lenguajes tanto a nivel de la alta política como en la calle totalmente distintos, entre los que no siguen la doctrina nacionalista y los que si.
Cómo alguien que nos hablara en el Latín del antiguo imperio Romano, el intento de aplicar no sólo fórmulas de alto contenido «metafísico», si no además extemporaneas, y con una contumancia e insistencia por parte de los acólitos de la misma, cualquier tipo de diálogo se hace estéril en este mundo nuestro del siglo xxi.
No comprender que está ideología decimononica nació en un momento donde Europa era el centro del mundo, donde una exuberancia demográfica que en parte se derramó sobre otros continentes, con una supremacía tecnológica incuestionable, un optimismo y fe incuestionable en el progreso constante de la humanidad, podría entenderse el nacimiento que no justificación de dicha ideología en un contexto de euforia en Europa, en la actualidad el fomento de estos movimientos secesionistas es debilitar a Europa en beneficio de otras potencias rivales, sin añadir la decadencia geopolitica ya de por sí dada en Europa frente a sus rivales en la actualidad.
Un mundo ni homogéneo étnica y culturalmente en las naciones-estado a día de hoy en París o Londres se pueden hablar aproximadamente entre 30 o 40 lenguas diferentes de personas de países de África, Asia o HispanoAmerica, intentar meter con calzador y a través de una ingeniería social coactiva está destinado no sólo al fracaso, si no como se ha visto en el caso de Catalunya, ha generado malestar en muchos ciudadanos.
La defensa de unos privilegios de clase u étnico motivo del nacimiento de este tipo de ideario (como la propuesta de Ciu en los años 90, de aplicar el modelo Andorrano para «Nouvinguts» que fuesen a trabajar a Catalunya) o la guerra soterrada a quien no comulga con el dogma de fe secesionista. Siempre en nombre de la cultura, la estabilidad para dejar el statu quo imperterrito de los privilegios o distribución desigual de las inversiones y equipamientos.
La creación de una idea y estática como el nacionalismo que deja angostos los cauces de lo que es ser buen catalán o directamente lo que es o no catalán, aislado como una burbuja y al parecer sin ninguna relación con lo que hay más allá del Ebro de dicha diferencia se justifica el derecho de secesión, este caso muy similar a otros que se dan en Europa.
La superficialidad de dicho ideario que sólo por la coacción o un adoctrinamiento temprano, puede haber como tiene a día de hoy una potencia enorme en diversos lugares de Europa y el mundo.
En su surgimiento la defensa ante un enemigo real y en muchos casos irreal galvaniza y une a diversos sectores sociales, que en otro momento no lo estarían en el caso de la descolonizacion del continente Áfricano u Asiático pudo tener su sentido aunque ¿podremos comparar el África Subsahariana con Catalunya y Escocia o el Quebec?.
Se necesita a una población en constante tensión lo que termina por crear una sociedad enferma. La atomizacion de las sociedades liberales, tienen como amarre esta ideología, aunque como si fuese una secta destructiva, destruyen al individuo haciendo pasar de la atomizacion a la desaparición del individuo en un magma amorfo.
En el caso de España se crea el victivismo del rico, acusar de aprovechados u parásitos a gente no adicta o con asuntos como el PER. Parecen desconocer que la cada vez más conocida prosperidad Catalana se debe a factores internos pero también externos, (mercado cautivo, mano de obra barata de otras zonas de España). Y un ejército y fuerzas del orden que pese que ahora son despreciadas han acudido siempre en ayuda de los sectores privilegiados en Catalunya.
En momentos de zozobra de incertidumbre, tanto a nivel individual como colectivo muchos individuos se agarran a una pata de conejo, otros al nacionalismo extemporáneo.